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Las claves de la resistencia de Irán ante EEUU: desde su férrea defensa de mosaico hasta su ventaja asimétrica en Ormuz pasando por ciertas dosis de ingeniería financeira

08/04/2026 | Economía

Las claves de la resistencia de Irán ante EEUU: desde su férrea defensa de mosaico hasta su ventaja asimétrica en Ormuz pasando por ciertas dosis de ingeniería financeira
*El alto el fuego implica que no ha habido rendición incondicional de Teheran

*Ha resistido la aniquilación de sus líderes y la superioridad militar de EEUU e Israel

*La Guardia Revolucionaria del país ha llegado a hacer 'caja' con el conflict


El alto el fuego alcanzado entre EEUU e Irán ha dejado al mundo algo más tranquilo, pero trae consigo una lectura subyacente algo incómoda: tras seis semanas de ataques demoledores, EEUU e Israel no han podido imponer su abrumadora superioridad militar e Irán ha logrado resistir el duro embate. Con casi todas las cartas desfavorables y con el régimen descabezado casi en los primeros compases del conflicto, Teherán ha logrado mantener el pulso y el alto el fuego es la prueba de que, por el momento, ha evitado una rendición incondicional. De hecho, desde Irán se está vendiendo esta tregua como una cesión de un Washington donde empieza a cundir cierta desesperación y varios actores relevantes del país han hablado de un nuevo episodio 'TACO', las famosas en los mercados siglas en inglés de 'Trump siempre se acobarda'. El 'secreto' de esta resiliencia de Irán reside en distintos factores que se han conjugado en estas semanas de conflicto y que van desde una rápida reacción ante cualquier eliminación del liderazgo hasta la ventaja geopolítica sobre el Estrecho de Ormuz pasando por las artimañas financieras del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán que ha demostrado instinto para los negocios.

Una frase muy comentada en círculos geopolíticos es que Irán no es Venezuela y, en efecto, así está siendo. Mientras que Washington apenas necesitó unas horas para llevarse en helicóptero a Nicolás Maduro y postrar al régimen venezolano a sus designios, especialmente en materia de petróleo, la situación con Irán está siendo radicalmente distinta. Pese a los devastadores ataques de EEUU e Israel, llegando a eliminar al ayatolá Alí Jameneí en uno de ellos, así como a gran parte de la plana mayor del régimen de Teherán en otras acometidas, Irán no solo está mostrando resiliencia, sino que aún cuenta con medios para golpear con fuerza a los vecinos del Golfo de EEUU y encima ha hecho 'caja' con el conflicto, algo más importante de cara a la supervivencia del régimen que a la propia economía global del país.

"Irán no es Venezuela: es un Estado mucho más grande y sofisticado, con una burocracia más compleja, una población mayor y una identidad nacional milenaria que no se doblega fácilmente", presenta Edoardo Campanella, estratega de Unicredit Research en una nota para clientes. "La República Islámica no es un régimen personalista vulnerable a una decapitación rápida, sino un sistema multicéntrico, con un aparato coercitivo cohesionado y profundamente integrado en la estructura del Estado. En ausencia de una fractura decisiva dentro de la coalición gobernante, de una defección del aparato de seguridad o de la emergencia de una alternativa política organizada, la presión externa tiende a reforzar dinámicas de cierre más que a provocar transformaciones internas", entran más al detalle en un completo informe sobre los puntos fuertes de Irán y el dilema estratégico de EEUU con esta misión Will Ogilvie Vega de Seoane y Alfonso Frías Balmori, expertos del Centro de Política Internacional de la Universidad de las Hespérides.

Campanella introduce el concepto de "defensa de mosaico descentralizada" como gran baluarte de la resistencia iraní: "Está diseñada para utilizar el tiempo como un instrumento deliberado de resistencia y presión. Esta estrategia divide la autoridad militar entre unidades provinciales de la Guardia Revolucionaria, fuerzas (milicias) Basij y redes de aliados en todo Oriente Medio (los hutíes de Yemen, por ejemplo), lo que permite que las operaciones autónomas persistan incluso tras graves pérdidas de liderazgo o ataques a infraestructuras centrales". Cuando las bombas estadounidenses e israelíes aniquilaron a la cúpula iraní el primer día de la guerra, la cadena de mando militar se rompió por completo. Concretamente, esto significó que los líderes militares de las 31 regiones de Irán se convirtieron repentinamente en sus propios comandantes, con instrucciones de seguir luchando hasta la muerte o la victoria.

De este modo, continúa el estratega de UniCredit, la pérdida de los líderes más importantes del país no tiene impacto: "Por cada baja, ya se han identificado al menos tres o cuatro posibles reemplazos. Esta fragmentación, por diseño, impide victorias rápidas del enemigo, orientando el conflicto hacia un desgaste prolongado. En resumen, el ejército iraní está optimizado para una guerra larga, no para una rápida. El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, tuiteó recientemente que la defensa de mosaico descentralizada permite decidir cuándo y cómo terminará la guerra".

La mención a la Guardia Revolucionaria no es baladí, en la medida en la que este cuerpo está siendo, de alguna manera, el eje de la resistencia iraní. "El CGRI constituye una de las instituciones más influyentes del sistema político iraní. Creado tras la revolución de 1979, su misión inicial fue proteger el nuevo orden revolucionario y salvaguardar su orientación ideológica. Con el tiempo, la organización ha consolidado una posición central dentro del aparato estatal, en parte debido a los vínculos personales y políticos que muchos de sus altos oficiales mantienen con miembros de la élite gobernante. Diversas figuras políticas relevantes, entre ellas el expresidente Mahmoud Ahmadinejad y varios miembros de su gabinete, procedían de sus filas", ilustran Ogilvie y Frías en su informe.

Ormuz y la 'regla del 1%'
Mientras el CGRI se centra en guerra asimétrica, priorizando misiles, drones y lanchas rápidas, y suele recibir más inversión y sistemas modernos para proyectar poder regional y proteger al régimen; el Ejército iraní 'tradicional' (Artesh) está orientado a la guerra convencional, usando tanques, artillería y aviación, con más equipamiento antiguo, distinguen desde las Hespérides. En términos organizativos, el CGRI cuenta con aproximadamente 125.000 efectivos distribuidos en sus fuerzas terrestres, navales y aeroespaciales.

Precisamente este concepto de guerra asimétrica incide en uno de los grandes puntos fuertes de Irán, si no el que más: el oportunismo geográfico con el Estrecho de Ormuz. Con una anchura que varía entre los 39 y los 97 kilómetros, para Teherán resulta 'fácil' y 'asequible' sembrar la discordia en esta trascendental vía comercial por la que pasa una quinta parte del suministro petrolero y gasístico global mientras que para EEUU o el conjunto de Occidente es muy difícil y caro garantizar el tránsito seguro.

Desde el think tank Atlantic Council lo resumían hace no mucho como la 'regla del 1%' cuando se valoraba que EEUU escoltara petroleros por el Estrecho. "Para ser eficaz, la Armada de EEUU necesita tomar las decisiones y actuar correctamente el 100% de las veces. Pero Irán solo necesita acertar el 1% de las veces para enviar una señal devastadora al mercado sobre la viabilidad del transporte de mercancías a través del paso", señalaba Khalid Azim, antiguo oficial de la Armada y antiguo banquero ligado a la firma de análisis.

Al repasar los costes, esta ventaja asimétrica salta a la vista. "Irán está aprovechando la estructura de costes asimétrica del conflicto: los drones Shahed-136, de bajo costo (alrededor de 20.000 dólares cada uno), obligan a EEUU a responder con interceptores de misiles Patriot, cuyo valor asciende a millones", explica Campanella desde UniCredit. "Las informaciones de los medios sugieren que la administración estadounidense desestimó las evaluaciones de inteligencia que indicaban que Teherán militarizaría el Estrecho de Ormuz", denuncia el analista.

El 'ojo' para los negocios del CGRI
Este control de facto sobre Ormuz entronca con otra 'viga' de la resiliencia iraní, la creatividad financiera, se la puede llamar así, del CGRI. "Uno de los factores más importantes que contribuyen a la estabilidad del régimen iraní es el poder económico del Cuerpo. A través de una extensa red de empresas, fundaciones y conglomerados vinculados a la organización, la Guardia Revolucionaria participa en numerosos sectores estratégicos de la economía iraní, incluidos la construcción, la energía, las telecomunicaciones y los grandes proyectos de infraestructura", contextualizan Ogilvie y Frías.

La magnitud exacta es difícil de determinar, con estimaciones que van del 10% al 33% de la economía iraní vinculada a los fondos y filiales del CGRI, recoge la investigación de las Hespérides. Sin embargo, la magnitud de la penetración del Cuerpo es evidente a través de sus vínculos con más de 100 empresas, con unos ingresos anuales que superan los 12.000 millones de dólares en los sectores empresarial y de la construcción, añade el informe. El CGRI tiene contratos por miles de millones de dólares en las industrias petrolera, gasística y petroquímica, así como en grandes proyectos de infraestructura, gracias a sus diversas empresas, entre ellas Khatam al-Anbia Construction, que cuenta con unos 25.000 ingenieros y empleados.

Este 'olfato' para los negocios ha llevado al CGRI a hacer de la necesidad virtud y rentabilizar la actual situación en Ormuz con la imposición de millonarios peajes para los buques que quieran atravesarlo con la garantía de que no saltarán por los aires. "El CGRI siempre ha tenido una marcada vocación empresarial. (...) Sus líderes siempre han tenido buen ojo para las ganancias. Desde compañías de telefonía móvil y aeropuertos hasta la distribución de gas natural, los intereses comerciales del Cuerpo se extienden por toda la economía iraní. Ahora, esta organización, siempre emprendedora, ha encontrado una forma lucrativa de sacar provecho de la guerra actual", constata con la instauración de esos peajes que han llegado a alcanzar los dos millones de dólares por barco Tom Holland, analista de Gavekal Research.

Aunque faltan detalles, según se ha podido saber, los buques deben navegar cerca de la isla iraní de Larak, tras pagar a la Guardia Revolucionaria una tasa en yuanes chinos o criptomonedas. El sistema consistiría en que el barco interesado recibiría una clave secreta a transmitir para asegurarse el trayecto. Con un paso aproximado de 30 barcos por semana, esto representaría unos 60 millones de dólares estadounidenses que ingresan a las arcas iraníes cada semana, sin ningún esfuerzo, estiman desde la firma de análisis.

La estrategia mercantil del CGRI se ve redondeada con un contexto mundial de escasez de petróleo, lo que ha llevado a Washington, paradójicamente, a permitir que Irán siga e incluso incremente sus exportaciones petroleras para no tensionar aún más los mercados. Antes de la guerra, Irán exportaba algo más de un millón de barriles diarios a un precio de entre 40 y 45 dólares estadounidenses por barril (o, por lo general, con un descuento de 20 dólares estadounidenses por barril respecto a los precios internacionales). Desde el inicio de la guerra, Irán ha estado exportando cerca de 1,7 millones de barriles diarios a un precio superior a los 100 dólares estadounidenses por barril.

Un botín que puede multiplicarse exponencialmente, prosiguen desde Gavekal. Antes de la guerra, un promedio de unos 25 buques cisterna diarios, cargados con 20 millones de barriles de petróleo, salían del Golfo hacia el resto del mundo, principalmente con destino a Asia. Si la tasa de dos millones de dólares es la habitual, y si Irán también la aplica a los buques que llegan en lastre, el peaje supone un incremento de 5 dólares por barril en el precio del petróleo del Golfo exportado desde Ormuz. A nivel mundial, esto equivale a un aumento de un dólar por barril en los precios de los principales índices de referencia del petróleo. Y si la tasa se aplica a todos los buques comerciales, no solo a los cisternas, implica unos ingresos anuales adicionales de 50.000 millones de dólares para el CGRI, estiman desde la firma.

El dilema de Washington
Un cuadro nada digerible para Washington, que tendrá que repensar su estrategia durante el alto el fuego. Desde BCA Research, su estratega jefe de Geopolítica y Política de EEUU, Matt Gertken, analiza las implicaciones a más largo plazo: "EEUU no puede aceptar el control iraní de Ormuz a largo plazo. EEUU no ha obtenido los 440 kilogramos de uranio altamente enriquecido que faltan. Tanto el aparato de seguridad nacional como los aliados y socios regionales de EEUU se opondrán al fin de la guerra sin un proceso para intentar resolver estos problemas. Trump puede declarar un alto el fuego, pero hasta que estos problemas se resuelvan, la incertidumbre persistirá y el conflicto se reanudará".

"Las guerras suelen comenzar con la ilusión de que serán cortas. El optimismo lleva a los líderes a sobreestimar su propia fuerza, subestimar a sus adversarios y pasar por alto información crucial", enuncia como epílogo Campanella, destacando que el exceso de confianza en la brevedad de las guerras parece ser una constante en EEUU: "En 1950, el general Douglas MacArthur predijo la victoria en Corea para Navidad; la guerra se prolongó tres años más. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, prometió una breve campaña en Irak en 2003; se convirtió en una ocupación de siete años. Afganistán se convirtió en la guerra más larga de la historia de EEUU, a pesar de las repetidas expectativas de una rápida estabilización".

Ahora mismo, concluye el experto de UniCredit, "Teherán tiene todos los incentivos para seguir luchando", lo que liga con el importante dilema que aflige a EEUU, según los expertos en política internacional de las Hespérides: "La cuestión decisiva no es si Washington puede golpear con eficacia, sino si esos golpes pueden traducirse en una transformación duradera del comportamiento estratégico iraní". "Un cambio de régimen no se produce por la mera acumulación de bombardeos, sanciones o gestos de fuerza, sino cuando coinciden fracturas decisivas en la coalición gobernante, un debilitamiento efectivo del aparato coercitivo y la emergencia de una alternativa capaz de ocupar el vacío de poder. Hay presión, erosión e incluso desorientación; pero, a día de hoy, no se observan señales concluyentes de colapso político", añaden Ogilvie y Frías. (elEconomista.es, 2026-04-08)
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